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domingo, 1 de junio de 2025

LA CULTURA VENEZOLANA

La cultura venezolana

Un crisol vibrante, forjado a lo largo de siglos por la amalgama de raíces indígenas, africanas y europeas.  Manifiesta con su diversidad en cada expresión artística desde la música, danza, gastronomía y las tradiciones populares, constituyendo un legado invaluable que va más allá de lo meramente folclórico, con sus símbolos naturales el árbol araguaney, la flor de orquídea y su ave nacional el Turpial.

Pedagógicamente, es relevante despertar el estudio de la cultura ya que ofrece gran variedad de opciones, una ventana única para comprender la construcción de valores humanos como la identidad nacional, fomentar el respeto por la diversidad, promover el pensamiento crítico sobre los procesos históricos y sociales que nos han moldeado.

en la cultura venezolano podemos encontrar muchas manifestaciones del arte tales  como música, teatro, cine, escultura, poesía, danza y manualidades

Asimismo, sociológicamente representa un campo fértil para el análisis de las dinámicas comunitarias, las estructuras familiares e interacciones sociales, revelantes cómo los valores, creencias que se transmiten y transforman a través de las generaciones. Su importancia económica radica en su potencial como motor de desarrollo, impulsando el turismo cultural, la artesanía y las industrias creativas, además de ser un diferenciador que posiciona a Venezuela en el concierto global. Así, la cultura venezolana no es solo un conjunto de expresiones, sino un elemento transversal, dinámico que moldea nuestra realidad y proyecta nuestro futuro. A  continuación describiremos algunas manifestaciones que desarrollé como docente especialista de cultura en el Colegio Arístides Bastidas, ubicado en San Felipe, estado Yaracuy.

CABALLITOS DE SAN JUAN

La tradición de los Caballitos de San Juan, arraigada principalmente en Ciudad Bolívar, estado Bolívar, Venezuela, es una festividad que se celebra cada 24 de junio, coincidiendo con el día de San Juan Bautista. Consiste en la "correría" de niños y hasta adultos, montados en caballitos artesanales, hechos con una vara de madera y una cabeza de caballo elaborada con retazos de tela y otros materiales como madera, plástico, fieltro, foami, entre otros. Estos jinetes infantiles, acompañados de música, cantos y algarabía, recorren las calles del Casco Histórico de la ciudad visitando a los "Juanes" y "Juanas", quienes los reciben con refrescos, caramelos y monedas, en un intercambio de alegría y tradición. Esta manifestación cultural fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del estado Bolívar en 2015, es un símbolo de la identidad y la memoria colectiva de la región.

El origen de esta peculiar celebración se remonta a principios del siglo XX, durante la dictadura de Juan Vicente Gómez. Se cuenta que, en una visita del dictador a Angostura del Orinoco (hoy Ciudad Bolívar), conocido por su afición a los caballos, la población decidió honrarlo con un desfile de estos caballitos de tela, como una forma de congraciarse. A pesar de la caída del régimen de Gómez, la costumbre de los Caballitos de San Juan se mantuvo, transformándose en una expresión de la alegría popular y la devoción al santo. Es una tradición que resalta la creatividad, el ingenio popular, la capacidad de las comunidades para mantener vivas sus costumbres, transmitiéndolas de generación en generación y enriqueciendo el patrimonio cultural venezolano.

Es importante destacar, que en la Comunidad de Palo Negro, Municipio Libertador del estado Aragua, también desarrollan esta tradicional festividad, como docente estadal de música tuve la oportunidad de conocer y ejecutar esta tradicional caravana caballeresca por las calles del pueblo, acompañado de docentes de diferentes escuelas, músicos, representantes y los actores principales los estudiantes. Para todos ellos mi reconocimiento y se les recuerda con cariño.

El carite

La manifestación folclórica de "El Carite" es una de las tradiciones más arraigadas y pintorescas del estado Nueva Esparta, en la Isla de Margarita. Este baile, creado por Rafael González en 1926, escenifica la faena de la pesca, uno de los pilares de la vida y la economía de los pueblos costeros venezolanos. La representación se centra en la captura de un pez carite, especie marina de gran valor comercial en la región, a través de la participación de un grupo de hombres y mujeres que simulan ser los pescadores y las vendedoras, respectivamente. La "Lancha Nueva Esparta", que da nombre a una de las canciones que acompaña el baile, es el elemento central de esta narrativa, simbolizando la embarcación donde se realiza la pesca.

Cabe agregar que las tradiciones y costumbres asociadas a El Carite y La Lancha Nueva Esparta van más allá de la simple danza. Se trata de una auténtica "diversión pascual" que se presenta en diversas festividades, especialmente durante el carnaval y entre el 16 de diciembre y el 6 de enero. Los hombres visten camisas a rayas, pantalones remangados y sombreros de ala ancha, mientras que las mujeres lucen trajes largos, a menudo floreados, llevan cestas en la cabeza y simulando la venta del pescado. La música, interpretada con instrumentos como el cuatro, la mandolina, la guitarra, el tambor, el furruco y las maracas, crea un ambiente festivo y vibrante, mientras los participantes realizan movimientos que evocan el lanzamiento de redes, la lucha con el pez y la celebración de la captura. Es una expresión que refleja la cotidianidad, el espíritu de comunidad y la relación intrínseca de los neoespartanos con el mar.

Es de suma importancia resaltar, en otros estados como Falcón y Carabobo también lo celebran, este particular tema musical es repetido en cada paseo cívico, procesión religiosa, desfile y hasta en la bendición del mar, muchas veces me ha tocado presentarme en diferentes actividades con los antaños y la orquesta y la canción del carite es sin duda el más solicitado. Los espectadores, bailarines y público en general aplauden, cantan, bailan y disfrutan de este tema como nunca antes lo viví.

EL CALIPSO VENEZOLANO

El Calipso venezolano, especialmente el de El Callao, estado Bolívar, es una expresión musical, cultural vibrante, resultado de un rico sincretismo entre las tradiciones africanas, antillanas (principalmente de Trinidad y Tobago, traídas por inmigrantes que llegaron a la zona minera en el siglo XIX), francesas e hispanas. Este género, íntimamente ligado a la celebración del Carnaval, se canta en español e inglés caribeño (patois) y se caracteriza por un ritmo marcado de cuatro pulsos, con síncopas y una velocidad moderada que invita al baile. Los instrumentos típicos que le dan vida a este género incluyen el tradicional tambor de calipso, el cuatro, las maracas, la campana y el rallador. Con el tiempo, se han incorporado otros elementos como la guitarra eléctrica, el bajo, y en algunas bandas, teclados e instrumentos de viento, ampliando su sonoridad y alcance.

El calipso cobra su máxima expresión durante los carnavales de El Callao, declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2016. El baile del calipso se convierte en un despliegue de alegría, color, movimientos que evocan la vitalidad y el espíritu festivo de la comunidad. El vestuario juega un papel fundamental, destacando personajes emblemáticos como las Madamas, mujeres afrodescendientes que lucen vistosos trajes largos, pañuelos en la cabeza, abundantes accesorios, representando la elegancia y la sabiduría; los Diablos, hombres enmascarados con trajes llamativos y cuernos, que danzan al ritmo del calipso y custodian a las comparsas; y los Medios Pintos, que se untan el cuerpo con una mezcla de carbón y melaza, y asustan de forma juguetona a la gente, pidiendo dinero a cambio de no "pintarlos". La figura de la Negra Isidora Agnes, conocida como la "Reina del Carnaval de El Callao", es fundamental en la historia y preservación de esta tradición, siendo un símbolo de la lucha y la alegría de su pueblo.

VALS VENEZOLANO

El vals venezolano es una manifestación musical, dancística y cultural, tiene su origen en el vals europeo del siglo XIX, ha desarrollado una identidad propia y profunda en Venezuela. Su arraigo histórico se remonta a la influencia del afrancesamiento de la sociedad venezolana durante la presidencia de Antonio Guzmán Blanco, a mediados del siglo XIX, cuando el vals de salón se popularizó en las clases altas.

Sin embargo, este género fue rápidamente adoptado y adaptado por el pueblo, dando origen a una versión criolla que se enriqueció con elementos melódicos, armónicos y rítmicos propios de la música venezolana. Esta adaptación lo diferencia del vals vienés, caracterizándose por una síncopa particular y una estructura armónica que le confiere una sonoridad inconfundiblemente venezolana. Instrumentos como el cuatro, la guitarra, la mandolina, el violín y la bandola son fundamentales en su interpretación, tanto en el ámbito popular como en el de concierto.

Culturalmente, el vals venezolano se ha convertido en un símbolo de la identidad nacional, reflejando el romanticismo, la nostalgia y la alegría del venezolano. En el ámbito dancístico, el vals criollo mantiene la elegancia y los giros característicos del vals europeo, pero a menudo incorpora un mayor dinamismo y libertad en los movimientos, especialmente en sus versiones populares. Compositores como Francisco De Paula Aguirre, Laudelino Mejías, Antonio Carrillo, Simón Díaz, Pedro Pablo Caldera (Visión porteña) y Antonio Lauro (conocido por sus valses para guitarra, como "Natalia"), han dejado un legado invaluable, plasmando en sus obras la idiosincrasia del país. Su presencia se extiende desde los salones de baile hasta las serenatas. Se ejecuta en fiestas de quince años, matrimonios y actividades especiales.

Las Zaragoza

Las Zaragoza de Sanare, estado Lara, son una de las manifestaciones culturales más arraigadas, vistosas de Venezuela y celebrada cada 28 de diciembre en conmemoración del Día de los Santos Inocentes. Esta festividad, que combina elementos religiosos, lúdicos y ancestrales, representa la locura de las madres que perdieron a sus hijos en la matanza ordenada por el Rey Herodes, transformando el dolor en una explosión de color, música y alegría. Los participantes, conocidos como "Zaragozas", se visten con trajes variopintos, a menudo con retazos de telas de colores vibrantes y cascabeles que producen un sonido distintivo al moverse. Lo más característico son sus máscaras, elaboradas artesanalmente con materiales diversos, que buscan ocultar la identidad del danzante y reflejan la dualidad entre el bien y el mal, la vida y la muerte que subyace a la tradición.

La celebración de Las Zaragoza es un complejo ritual que comienza temprano en la mañana con la "ruptura" o "Rompimiento", un acto que simboliza el inicio de la locura. Los Zaragoza, guiados por el Capitán Mayor y la bandera de la fiesta (generalmente amarilla, simbolizando triunfo y dicha), recorren las calles de Sanare, haciendo paradas en casas específicas donde se les ofrece comida y bebida. La música es un pilar fundamental, con la "batería de cuatros larenses" (cuatro, requinto, mediocinco o sexto), maracas y tambora golpera marcando el ritmo de los "golpes larenses" que acompañan el baile. Personajes como la Mojiganga, que anuncia la fiesta la noche anterior, y el Correo, que tempranas horas del 28 de diciembre recorre el pueblo en bicicleta, también forman parte de esta compleja narrativa. Las Zaragozas, a diferencia de otras diabladas, sí pueden entrar a la iglesia, participando activamente en la misa y reafirmando el componente religioso de la tradición. Es un despliegue de fe, promesa y fervor popular que ha sido transmitido de generación en generación, consolidándose como un patrimonio vivo de la región larense.

JOROPO VENEZOLANO

El joropo es el género musical y la danza nacional por excelencia de Venezuela, un símbolo de la identidad y el sentir llanero, aunque con diversas variantes que se extienden por todo el territorio. Su legado histórico se remonta a la fusión de elementos indígenas, africanos y, de manera muy prominente, las tradiciones musicales y de baile traídas por los colonizadores españoles, particularmente las del fandango y las jotas de los siglos XVII y XVIII. A lo largo de los siglos, estas influencias se mezclaron y evolucionaron en los vastos llanos venezolanos, dando origen a un ritmo vibrante y contagioso. El joropo no es solo música y baile, sino que también es una "fiesta" o "parranda", un encuentro social donde la música, el canto (a menudo con improvisaciones de coplas y contrapunteos), y la danza se entrelazan para celebrar la vida, el trabajo en el llano y las tradiciones. Fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2014, lo que subraya su importancia para el país.

Los instrumentos fundamentales que dan vida al joropo varían según la región, pero los más representativos son el arpa llanera (de cuerdas de nylon), el cuatro (una pequeña guitarra de cuatro cuerdas), las maracas y la bandola (en sus distintas variedades, como la llanera, oriental o guayanesa). En algunas variantes, como el joropo central o tuyero, el arpa y el arpa llanera son predominantes, mientras que en otros, como el joropo oriental, el bandolín y la mandolina son más comunes, e incluso el violín en el joropo andino. Bailarines y músicos interpretan el joropo con movimientos enérgicos y zapateos, donde los "escobillao" y "valsiao" son pasos característicos. Figuras icónicas como Simón Díaz, conocido como "El Tío Simón", no solo dejó una huella imborrable con sus tonadas y pasajes que narraban la vida del llano ("Caballo Viejo", "La Vaca Mariposa"), sino que también se convirtió en un embajador cultural del joropo. Otros intérpretes y compositores notables que han dejado su marca incluyen a Reynaldo Armas, Cristóbal Jiménez, Juan Vicente Torrealba, y figuras de las distintas variantes regionales que han enriquecido el repertorio y la diversidad de este género que continúa evolucionando.

EL MERENGUE VENEZOLANO

Sobre el merengue venezolano hay dos versiones una yaracuyana y otra caraqueña, les cuento:

Las Minas de Aroa, en el estado Yaracuy, tienen una rica historia de explotación que se remonta a 1632, aunque los yacimientos de cobre fueron descubiertos en 1605. A lo largo de los siglos, la mano de obra en estas minas fue diversa. Inicialmente, la explotación se realizó con esclavos africanos e indígenas, predominando los caquetíos de la región de Barquisimeto como contratados, así como algunos aliles de la zona del Lago de Maracaibo. Con el tiempo, y especialmente durante el período en que fueron propiedad de la familia Bolívar y luego arrendadas a compañías extranjeras, como la South American Copper Company Limited de capitales británicos, la composición de los mineros incluyó también a trabajadores venezolanos de diversas regiones y, muy probablemente, a inmigrantes de otras nacionalidades, principalmente ingleses, que llegaron a la zona para supervisar y operar la minería con técnicas más avanzadas.

La explotación de las Minas de Aroa se extendió hasta 1936, lo que representa un período de actividad minera de más de tres siglos. Durante este extenso lapso, la interacción entre las diversas nacionalidades y grupos étnicos que convergieron en Aroa no solo moldeó la vida laboral y social, sino que también dejó una huella profunda en las costumbres y la música de la región, como lo demuestran los cantos de los mineros y serenateros que surgieron de ese ambiente multicultural.

Ahora bien, más allá de su relevancia histórica las Minas de Aroa poseen un legado cultural musical muy particular, ligado a la vida de sus mineros. En este ambiente de trabajo arduo y camaradería, floreció una tradición musical autóctona, donde los propios mineros se convertían en músicos, cañoneros y serenateros. Instrumentos como: cuatro, guitarra, bandolín, las maracas, trompetas, saxofones y violines eran compañeros inseparables de sus jornadas y sus momentos de ocio. De las entrañas de la tierra y del corazón de sus trabajadores surgían cantos de faena, de amor, de desengaño y de la vida cotidiana, muchas veces con letras que narraban las experiencias y desafíos de su labor minera. Estos cantos y melodías eran interpretados con una pasión que trascendía las dificultades, convirtiéndose en una válvula de escape y en una forma de preservar su identidad cultural.

La música de las Minas de Aroa no se quedó confinada en las galerías y los campamentos mineros; por el contrario, los cañoneros y serenateros de Yaracuy llevaron sus ritmos y melodías a otros estados de Venezuela. A través de sus viajes y las migraciones de los mineros en busca de nuevas oportunidades, o simplemente en celebraciones y encuentros fuera de su tierra, esta música se fue difundiendo. La riqueza de sus expresiones musicales, el estilo particular de sus interpretaciones y la temática de sus letras contribuyeron a enriquecer el acervo folclórico venezolano. Representan un testimonio vivo de cómo la música puede ser una herramienta poderosa para la cohesión social y la transmisión de historias, incluso en los contextos más desafiantes.

La segunda versión, expresa: el merengue venezolano, también conocido como "merengue rucaneao" en Caracas, es una expresión musical y dancística distintiva, con raíces que se remontan a la segunda mitad del siglo XIX. Aunque comparte el nombre con el merengue dominicano, se diferencia en su ritmo y estructura, siendo el venezolano a menudo caracterizado por un compás de 2/4 o 5/8 con una síncopa particular que le otorga un "swing" único. Su historia está ligada a la mezcla de ritmos populares como la polka, la danza y el tango español, que se fusionaron en un estilo propio, especialmente popular en Caracas durante la década de 1920. Si bien en sus inicios estuvo asociado a lugares de esparcimiento nocturno, rápidamente se popularizó en plazas y celebraciones, convirtiéndose en un emblema de la alegría y el espíritu festivo de la capital.

La orquestación del merengue venezolano tradicionalmente incluye un cuarteto de instrumentos melódicos como la trompeta, el trombón, el saxofón y el clarinete, acompañados por el cuatro, el bajo y la percusión (que puede ir desde una güira hasta una batería completa). En el ámbito popular, también se utilizan instrumentos como la bandola, las maracas y la guitarra. El vestuario para bailar merengue suele ser elegante y cómodo, permitiendo la libertad de movimiento que requiere el baile, con trajes de corte amplio para las mujeres y camisas, pantalones y zapatos de charol para los hombres, sin un vestuario ceremonial específico como en otras manifestaciones. Los temas de las canciones suelen abordar la cotidianidad, el amor, la figura femenina y los grandes acontecimientos nacionales. Aunque experimentó un declive en popularidad en las décadas de 1940 y 1950, ha sido rescatado y revitalizado por grupos contemporáneos como Ensamble Gurrufío, Grupo Raíces, El Cuarteto, y artistas como Beto Valderrama, Henry Rubio y Luis Laguna, quienes han mantenido viva esta valiosa tradición musical venezolana.

4 comentarios:

  1. Saludos hermano excelente trabajo. Tenemos que hacer un programa para estos temas, es propicio este mes de junio.
    Ulises Ponce

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  2. ¡Gracias por esta información prof Jacobo! La cultura venezolana es, sin duda, un caleidoscopio vibrante forjado por la fusión de raíces indígenas, africanas y europeas, manifestándose en una rica diversidad de música, danza, gastronomía y tradiciones populares. Más allá de lo folclórico, este legado, simbolizado por el araguaney, la orquídea y el turpial, es crucial para la identidad nacional, fomenta el respeto por la diversidad y promueve el pensamiento crítico. Sociológicamente, revela las dinámicas comunitarias y la transmisión de valores, mientras que económicamente impulsa el turismo y las industrias creativas. Es un elemento transversal y dinámico que moldea la realidad y proyecta el futuro del país, como se evidencia en festividades como los Caballitos de San Juan, la danza de El Carite, el contagioso Calipso de El Callao, la elegancia del Vals Venezolano, la catarsis de las Zaragoza de Sanare y el alma llanera del Joropo, además de las ricas variantes del Merengue Venezolano. Cada una de estas expresiones no solo cuenta una historia, sino que mantiene viva la esencia de un pueblo que celebra su herencia con pasión y alegría.

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  3. Muchas gracias por compartir esta información, profe Jacobo. La cultura venezolana es realmente un mosaico lleno de vida, formado por la mezcla de raíces indígenas, africanas y europeas. Esto se refleja en la variedad de su música, sus bailes, su comida y sus tradiciones populares. Más que solo folklore, este legado —que se representa en símbolos como el araguaney, la orquídea y el turpial— es fundamental para la identidad del país. Nos ayuda a valorar la diversidad y a pensar de manera crítica.

    Desde un punto de vista social, la cultura muestra cómo funcionan las comunidades y cómo se transmiten sus valores de generación en generación. En lo económico, también es muy importante porque impulsa el turismo y las industrias creativas. La cultura venezolana es un motor que influye en la vida diaria y en el futuro de la nación.

    Esto se ve claramente en festividades y expresiones culturales como los Caballitos de San Juan, la danza de El Carite, el alegre Calipso de El Callao, la gracia del Vals Venezolano, la fuerza emocional de las Zaragoza de Sanare, el espíritu del Joropo llanero y las diferentes formas del Merengue Venezolano. Cada una de estas manifestaciones no solo cuenta una historia, sino que mantiene viva la esencia de un pueblo que celebra su herencia con entusiasmo y alegría.

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  4. Muy buen artículo Profesor Jacobo. Me permitió comprender lo diversa que es nuestra cultura venezolana. Conocer festividades como los Caballitos de San Juan, El Carite, el Calipso, el Vals, las Zaragozas, el Joropo y otros bailes tradicionales, además, de valorar nuestras raíces. Nos damos cuenta que la cultura no solo es aprender de música o danza, sino también fortalecer nuestra identidad y respetar la historia de nuestros antepasados.
    Muchas gracias por compartirlo.

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