Un crisol
vibrante, forjado a lo largo de siglos por la amalgama de
raÃces indÃgenas, africanas y europeas. Manifiesta con su
diversidad en cada expresión artÃstica desde la música, danza, gastronomÃa y
las tradiciones populares, constituyendo un legado invaluable que va más allá
de lo meramente folclórico, con sus sÃmbolos naturales el árbol araguaney, la
flor de orquÃdea y su ave nacional el Turpial.
Pedagógicamente, es relevante despertar el estudio de la cultura ya que ofrece gran variedad de opciones, una ventana única para comprender la construcción de valores humanos como la identidad nacional, fomentar el respeto por la diversidad, promover el pensamiento crÃtico sobre los procesos históricos y sociales que nos han moldeado.
CABALLITOS DE SAN JUAN
El origen de
esta peculiar celebración se remonta a principios del siglo XX, durante la
dictadura de Juan Vicente Gómez. Se cuenta que, en una visita del dictador a
Angostura del Orinoco (hoy Ciudad BolÃvar), conocido por su afición a los
caballos, la población decidió honrarlo con un desfile de estos caballitos de
tela, como una forma de congraciarse. A pesar de la caÃda del régimen de Gómez,
la costumbre de los Caballitos de San Juan se mantuvo, transformándose en una
expresión de la alegrÃa popular y la devoción al santo. Es una tradición que
resalta la creatividad, el ingenio popular, la capacidad de las comunidades
para mantener vivas sus costumbres, transmitiéndolas de generación en
generación y enriqueciendo el patrimonio cultural venezolano.
Es importante destacar, que en la Comunidad de Palo Negro, Municipio Libertador del estado Aragua, también desarrollan esta tradicional festividad, como docente estadal de música tuve la oportunidad de conocer y ejecutar esta tradicional caravana caballeresca por las calles del pueblo, acompañado de docentes de diferentes escuelas, músicos, representantes y los actores principales los estudiantes. Para todos ellos mi reconocimiento y se les recuerda con cariño.
Cabe agregar
que las tradiciones y costumbres asociadas a El Carite y La Lancha Nueva
Esparta van más allá de la simple danza. Se trata de una auténtica
"diversión pascual" que se presenta en diversas festividades,
especialmente durante el carnaval y entre el 16 de diciembre y el 6 de enero.
Los hombres visten camisas a rayas, pantalones remangados y sombreros de ala
ancha, mientras que las mujeres lucen trajes largos, a menudo floreados, llevan
cestas en la cabeza y simulando la venta del pescado. La música, interpretada
con instrumentos como el cuatro, la mandolina, la guitarra, el tambor, el
furruco y las maracas, crea un ambiente festivo y vibrante, mientras los
participantes realizan movimientos que evocan el lanzamiento de redes, la lucha
con el pez y la celebración de la captura. Es una expresión que refleja la
cotidianidad, el espÃritu de comunidad y la relación intrÃnseca de los
neoespartanos con el mar.
Es de suma
importancia resaltar, en otros estados como Falcón y Carabobo también lo
celebran, este particular tema musical es repetido en cada paseo cÃvico,
procesión religiosa, desfile y hasta en la bendición del mar, muchas veces me
ha tocado presentarme en diferentes actividades con los antaños y la orquesta y
la canción del carite es sin duda el más solicitado. Los espectadores,
bailarines y público en general aplauden, cantan, bailan y disfrutan de este
tema como nunca antes lo vivÃ.
El Calipso
venezolano, especialmente el de El Callao, estado BolÃvar, es una expresión
musical, cultural vibrante, resultado de un rico sincretismo entre las
tradiciones africanas, antillanas (principalmente de Trinidad y Tobago, traÃdas
por inmigrantes que llegaron a la zona minera en el siglo XIX), francesas e
hispanas. Este género, Ãntimamente ligado a la celebración del Carnaval, se
canta en español e inglés caribeño (patois) y se caracteriza por un ritmo
marcado de cuatro pulsos, con sÃncopas y una velocidad moderada que invita al
baile. Los instrumentos tÃpicos que le dan vida a este género incluyen el
tradicional tambor de calipso, el cuatro, las maracas, la campana y el
rallador. Con el tiempo, se han incorporado otros elementos como la guitarra
eléctrica, el bajo, y en algunas bandas, teclados e instrumentos de viento,
ampliando su sonoridad y alcance.
El calipso
cobra su máxima expresión durante los carnavales de El Callao, declarados
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2016. El baile
del calipso se convierte en un despliegue de alegrÃa, color, movimientos que
evocan la vitalidad y el espÃritu festivo de la comunidad. El vestuario juega
un papel fundamental, destacando personajes emblemáticos como las Madamas, mujeres afrodescendientes que
lucen vistosos trajes largos, pañuelos en la cabeza, abundantes accesorios,
representando la elegancia y la sabidurÃa; los Diablos, hombres enmascarados con trajes llamativos y cuernos, que
danzan al ritmo del calipso y custodian a las comparsas; y los Medios Pintos, que se untan el cuerpo
con una mezcla de carbón y melaza, y asustan de forma juguetona a la gente,
pidiendo dinero a cambio de no "pintarlos". La figura de la Negra Isidora Agnes, conocida como la
"Reina del Carnaval de El Callao", es fundamental en la historia y
preservación de esta tradición, siendo un sÃmbolo de la lucha y la alegrÃa de
su pueblo.
El vals
venezolano es una manifestación musical, dancÃstica y cultural, tiene su origen
en el vals europeo del siglo XIX, ha desarrollado una identidad propia y
profunda en Venezuela. Su arraigo histórico se remonta a la influencia del
afrancesamiento de la sociedad venezolana durante la presidencia de Antonio
Guzmán Blanco, a mediados del siglo XIX, cuando el vals de salón se popularizó
en las clases altas.
Sin embargo,
este género fue rápidamente adoptado y adaptado por el pueblo, dando origen a
una versión criolla que se enriqueció con elementos melódicos, armónicos y
rÃtmicos propios de la música venezolana. Esta adaptación lo diferencia del
vals vienés, caracterizándose por una sÃncopa particular y una estructura
armónica que le confiere una sonoridad inconfundiblemente venezolana.
Instrumentos como el cuatro, la guitarra, la mandolina, el violÃn y la bandola
son fundamentales en su interpretación, tanto en el ámbito popular como en el
de concierto.
Culturalmente, el vals venezolano se ha convertido en un sÃmbolo de la identidad nacional, reflejando el romanticismo, la nostalgia y la alegrÃa del venezolano. En el ámbito dancÃstico, el vals criollo mantiene la elegancia y los giros caracterÃsticos del vals europeo, pero a menudo incorpora un mayor dinamismo y libertad en los movimientos, especialmente en sus versiones populares. Compositores como Francisco De Paula Aguirre, Laudelino MejÃas, Antonio Carrillo, Simón DÃaz, Pedro Pablo Caldera (Visión porteña) y Antonio Lauro (conocido por sus valses para guitarra, como "Natalia"), han dejado un legado invaluable, plasmando en sus obras la idiosincrasia del paÃs. Su presencia se extiende desde los salones de baile hasta las serenatas. Se ejecuta en fiestas de quince años, matrimonios y actividades especiales.
La celebración
de Las Zaragoza es un complejo ritual que comienza temprano en la mañana con la
"ruptura" o "Rompimiento", un acto que simboliza el inicio
de la locura. Los Zaragoza, guiados por el Capitán Mayor y la bandera de la
fiesta (generalmente amarilla, simbolizando triunfo y dicha), recorren las
calles de Sanare, haciendo paradas en casas especÃficas donde se les ofrece
comida y bebida. La música es un pilar fundamental, con la "baterÃa de
cuatros larenses" (cuatro, requinto, mediocinco o sexto), maracas y
tambora golpera marcando el ritmo de los "golpes larenses" que
acompañan el baile. Personajes como la Mojiganga, que anuncia la fiesta la noche
anterior, y el Correo, que tempranas horas del 28 de diciembre recorre el
pueblo en bicicleta, también forman parte de esta compleja narrativa. Las
Zaragozas, a diferencia de otras diabladas, sà pueden entrar a la iglesia,
participando activamente en la misa y reafirmando el componente religioso de la
tradición. Es un despliegue de fe, promesa y fervor popular que ha sido
transmitido de generación en generación, consolidándose como un patrimonio vivo
de la región larense.
El joropo es el
género musical y la danza nacional por excelencia de Venezuela, un sÃmbolo de
la identidad y el sentir llanero, aunque con diversas variantes que se
extienden por todo el territorio. Su legado histórico se remonta a la fusión de
elementos indÃgenas, africanos y, de manera muy prominente, las tradiciones
musicales y de baile traÃdas por los colonizadores españoles, particularmente
las del fandango y las jotas de los siglos XVII y XVIII. A lo largo de los
siglos, estas influencias se mezclaron y evolucionaron en los vastos llanos
venezolanos, dando origen a un ritmo vibrante y contagioso. El joropo no es
solo música y baile, sino que también es una "fiesta" o
"parranda", un encuentro social donde la música, el canto (a menudo
con improvisaciones de coplas y contrapunteos), y la danza se entrelazan para
celebrar la vida, el trabajo en el llano y las tradiciones. Fue declarado
Patrimonio Cultural de la Nación en 2014, lo que subraya su importancia para el
paÃs.
Los
instrumentos fundamentales que dan vida al joropo varÃan según la región, pero
los más representativos son el arpa llanera (de cuerdas de nylon), el cuatro
(una pequeña guitarra de cuatro cuerdas), las maracas y la bandola (en sus
distintas variedades, como la llanera, oriental o guayanesa). En algunas
variantes, como el joropo central o tuyero, el arpa y el arpa llanera son
predominantes, mientras que en otros, como el joropo oriental, el bandolÃn y la
mandolina son más comunes, e incluso el violÃn en el joropo andino. Bailarines
y músicos interpretan el joropo con movimientos enérgicos y zapateos, donde los
"escobillao" y "valsiao" son pasos caracterÃsticos. Figuras
icónicas como Simón DÃaz, conocido como "El TÃo Simón", no solo dejó
una huella imborrable con sus tonadas y pasajes que narraban la vida del llano
("Caballo Viejo", "La Vaca Mariposa"), sino que también se
convirtió en un embajador cultural del joropo. Otros intérpretes y compositores
notables que han dejado su marca incluyen a Reynaldo Armas, Cristóbal Jiménez,
Juan Vicente Torrealba, y figuras de las distintas variantes regionales que han
enriquecido el repertorio y la diversidad de este género que continúa
evolucionando.
Sobre
el merengue venezolano hay dos versiones una yaracuyana y otra caraqueña, les
cuento:
Las
Minas de Aroa, en el estado Yaracuy, tienen una rica historia de explotación
que se remonta a 1632, aunque los yacimientos de cobre fueron descubiertos en
1605. A lo largo de los siglos, la mano de obra en estas minas fue diversa.
Inicialmente, la explotación se realizó con esclavos africanos e indÃgenas,
predominando los caquetÃos de la región de Barquisimeto como contratados, asÃ
como algunos aliles de la zona del Lago de Maracaibo. Con el tiempo, y
especialmente durante el perÃodo en que fueron propiedad de la familia BolÃvar
y luego arrendadas a compañÃas extranjeras, como la South American Copper Company
Limited de capitales británicos, la composición de los mineros
incluyó también a trabajadores
venezolanos de diversas regiones y, muy probablemente, a inmigrantes de otras
nacionalidades, principalmente ingleses, que llegaron a la zona
para supervisar y operar la minerÃa con técnicas más avanzadas.
La
explotación de las Minas de Aroa se extendió hasta 1936, lo que representa un
perÃodo de actividad minera de más de tres siglos. Durante este extenso lapso,
la interacción entre las diversas nacionalidades y grupos étnicos que
convergieron en Aroa no solo moldeó la vida laboral y social, sino que también
dejó una huella profunda en las costumbres y la música de la región, como lo
demuestran los cantos de los mineros y serenateros que surgieron de ese
ambiente multicultural.
Ahora
bien, más allá de su relevancia histórica las Minas de Aroa poseen un legado
cultural musical muy particular, ligado a la vida de sus mineros. En este
ambiente de trabajo arduo y camaraderÃa, floreció una tradición musical
autóctona, donde los propios mineros se convertÃan en músicos, cañoneros y serenateros.
Instrumentos como: cuatro, guitarra, bandolÃn, las maracas, trompetas,
saxofones y violines eran compañeros inseparables de sus jornadas y sus
momentos de ocio. De las entrañas de la tierra y del corazón de sus
trabajadores surgÃan cantos de faena, de amor, de desengaño y de la vida
cotidiana, muchas veces con letras que narraban las experiencias y desafÃos de
su labor minera. Estos cantos y melodÃas eran interpretados con una pasión que
trascendÃa las dificultades, convirtiéndose en una válvula de escape y en una
forma de preservar su identidad cultural.
La
música de las Minas de Aroa no se quedó confinada en las galerÃas y los
campamentos mineros; por el contrario, los cañoneros y serenateros de Yaracuy
llevaron sus ritmos y melodÃas a otros estados de Venezuela. A través de sus
viajes y las migraciones de los mineros en busca de nuevas oportunidades, o
simplemente en celebraciones y encuentros fuera de su tierra, esta música se
fue difundiendo. La riqueza de sus expresiones musicales, el estilo particular
de sus interpretaciones y la temática de sus letras contribuyeron a enriquecer
el acervo folclórico venezolano. Representan un testimonio vivo de cómo la
música puede ser una herramienta poderosa para la cohesión social y la
transmisión de historias, incluso en los contextos más desafiantes.
La
segunda versión, expresa: el merengue venezolano, también conocido como
"merengue rucaneao" en Caracas, es una expresión musical y dancÃstica
distintiva, con raÃces que se remontan a la segunda mitad del siglo XIX. Aunque
comparte el nombre con el merengue dominicano, se diferencia en su ritmo y
estructura, siendo el venezolano a menudo caracterizado por un compás de 2/4 o
5/8 con una sÃncopa particular que le otorga un "swing" único. Su
historia está ligada a la mezcla de ritmos populares como la polka, la danza y
el tango español, que se fusionaron en un estilo propio, especialmente popular
en Caracas durante la década de 1920. Si bien en sus inicios estuvo asociado a
lugares de esparcimiento nocturno, rápidamente se popularizó en plazas y
celebraciones, convirtiéndose en un emblema de la alegrÃa y el espÃritu festivo
de la capital.
La orquestación del merengue venezolano tradicionalmente incluye un cuarteto de instrumentos melódicos como la trompeta, el trombón, el saxofón y el clarinete, acompañados por el cuatro, el bajo y la percusión (que puede ir desde una güira hasta una baterÃa completa). En el ámbito popular, también se utilizan instrumentos como la bandola, las maracas y la guitarra. El vestuario para bailar merengue suele ser elegante y cómodo, permitiendo la libertad de movimiento que requiere el baile, con trajes de corte amplio para las mujeres y camisas, pantalones y zapatos de charol para los hombres, sin un vestuario ceremonial especÃfico como en otras manifestaciones. Los temas de las canciones suelen abordar la cotidianidad, el amor, la figura femenina y los grandes acontecimientos nacionales. Aunque experimentó un declive en popularidad en las décadas de 1940 y 1950, ha sido rescatado y revitalizado por grupos contemporáneos como Ensamble GurrufÃo, Grupo RaÃces, El Cuarteto, y artistas como Beto Valderrama, Henry Rubio y Luis Laguna, quienes han mantenido viva esta valiosa tradición musical venezolana.


Saludos hermano excelente trabajo. Tenemos que hacer un programa para estos temas, es propicio este mes de junio.
ResponderEliminarUlises Ponce
¡Gracias por esta información prof Jacobo! La cultura venezolana es, sin duda, un caleidoscopio vibrante forjado por la fusión de raÃces indÃgenas, africanas y europeas, manifestándose en una rica diversidad de música, danza, gastronomÃa y tradiciones populares. Más allá de lo folclórico, este legado, simbolizado por el araguaney, la orquÃdea y el turpial, es crucial para la identidad nacional, fomenta el respeto por la diversidad y promueve el pensamiento crÃtico. Sociológicamente, revela las dinámicas comunitarias y la transmisión de valores, mientras que económicamente impulsa el turismo y las industrias creativas. Es un elemento transversal y dinámico que moldea la realidad y proyecta el futuro del paÃs, como se evidencia en festividades como los Caballitos de San Juan, la danza de El Carite, el contagioso Calipso de El Callao, la elegancia del Vals Venezolano, la catarsis de las Zaragoza de Sanare y el alma llanera del Joropo, además de las ricas variantes del Merengue Venezolano. Cada una de estas expresiones no solo cuenta una historia, sino que mantiene viva la esencia de un pueblo que celebra su herencia con pasión y alegrÃa.
ResponderEliminarMuchas gracias por compartir esta información, profe Jacobo. La cultura venezolana es realmente un mosaico lleno de vida, formado por la mezcla de raÃces indÃgenas, africanas y europeas. Esto se refleja en la variedad de su música, sus bailes, su comida y sus tradiciones populares. Más que solo folklore, este legado —que se representa en sÃmbolos como el araguaney, la orquÃdea y el turpial— es fundamental para la identidad del paÃs. Nos ayuda a valorar la diversidad y a pensar de manera crÃtica.
ResponderEliminarDesde un punto de vista social, la cultura muestra cómo funcionan las comunidades y cómo se transmiten sus valores de generación en generación. En lo económico, también es muy importante porque impulsa el turismo y las industrias creativas. La cultura venezolana es un motor que influye en la vida diaria y en el futuro de la nación.
Esto se ve claramente en festividades y expresiones culturales como los Caballitos de San Juan, la danza de El Carite, el alegre Calipso de El Callao, la gracia del Vals Venezolano, la fuerza emocional de las Zaragoza de Sanare, el espÃritu del Joropo llanero y las diferentes formas del Merengue Venezolano. Cada una de estas manifestaciones no solo cuenta una historia, sino que mantiene viva la esencia de un pueblo que celebra su herencia con entusiasmo y alegrÃa.
Muy buen artÃculo Profesor Jacobo. Me permitió comprender lo diversa que es nuestra cultura venezolana. Conocer festividades como los Caballitos de San Juan, El Carite, el Calipso, el Vals, las Zaragozas, el Joropo y otros bailes tradicionales, además, de valorar nuestras raÃces. Nos damos cuenta que la cultura no solo es aprender de música o danza, sino también fortalecer nuestra identidad y respetar la historia de nuestros antepasados.
ResponderEliminarMuchas gracias por compartirlo.